Obsesión por sacar los santitos a la calle
De un tiempo a esta parte parece que ha calado cierta obsesión en llenar, sea la fecha que sea, nuestras calles y plazas con santos, vírgenes y crucificados, como en aquellas épocas pasadas en las que las epidemias y años de hambre elevaban la tasa de morbilidad a límites hoy impensables y, en las que a falta de suficiente actuación público-sanitaria, algo que se está padeciendo nuevamente en Zamora, los mortales se encomendaban a la gracia divina para verse libres de esos males, que curiosamente no afectaban en la misma medida a las clases pudientes que a las clases bajas.
Hace ya años que la Navidad dura nada más y nada menos que cuatro meses, a primeros de octubre ya encontramos nuestras tiendas repletas de los productos típicos navideños, la televisión bombardea con anuncios y escuchamos los villancicos en manga corta y bermudas.
Ahora le toca a la Semana Santa, que en Zamora es como hablar de la razón última que justifica la existencia de esta ciudad.
Aquí no teníamos una semana de desfiles procesionales, aquí era semana y media, pero eso era antes, ahora la Semana Santa no se va en todo el año, y podemos encontrarnos un desfile procesional en agosto, o como ahora, en octubre, cuando nos deleitarán con otra procesión extraordinaria que recorrerá las calles de Zamora, algo que choca tanto como ver un iglú habitado en La Marina, y por supuesto, con la bendición del concejal de siempre, porque si el alcalde no asiste a actos religiosos ya está su teniente de alcalde, Fagúndez, para ir diez veces por él.
Estos actos, montados para mayor gloria de juntas directivas ególatras y de jefes de paso que se dan más importancia que el piloto del Air Force One, lejos de reforzar algo querido por los zamoranos, su Semana Santa, lo que consigue es lo contrario, ridiculizarla al tratarla como un desfile de chirigotas listas para cualquier festejo.
Cualquier disculpa parece buena con tal de lucir medallón y demostrar a la ciudadanía quien es el comandante en jefe de una cofradía, en esto parece que el señor obispo no pone reparos.
